¿Es San Ángel algo más que un barrio antiguo y elegante de la ciudad de México? Sí, es también una de sus mayores y más encantadoras concentraciones de espacios de arte fuera del Centro Histórico. Y para muestra ahí está esta mansión virreinal.

La excepcional Fuente del Risco, la pieza que le ha dado el nombre y la fama a la casa (Crédito: Luis Romo Cedano)

No es un museo ni popular, ni de culto, ni de grandes dimensiones. Y con frecuencia su perfil se desdibuja bajo su segundo título oficial—Centro Cultural Isidro Fabela—que alude a un poco conocido político de mediados del siglo XX.

Y sin embargo, la Casa del Risco es uno de los edificios más interesantes del suroeste de la Ciudad del México por su historia, su valor arquitectónico, sus notables acervos de pintura, escultura y artes aplicadas y, sobre todo, por la fuente que le da el nombre.

Los datos de nacimiento e infancia de esta casa ubicada frente a la recién remodelada Plaza de San Jacinto, en el corazón de San Ángel, son imprecisos. Algunos autores dicen que se construyó en el siglo XVII. Y en uno de los muros de la planta baja, la placa que da fe de la conversión de la casa en museo apunta el año 1681 como el de su edificación. Se sabe, eso sí, que apareció en el mapa de las casonas señoriales novohispanas en la segunda mitad del siglo XVIII, cuando fue propiedad sucesivamente de dos funcionarios de la Real Casa de Moneda de México quienes se encargaron de embellecerla y agregarle sus pisos superiores.

Plato de origen asiático en una de las pilastras de la fuente (Crédito: Luis Romo Cedano)

Huéspedes distinguidos

Desde entonces la casa tuvo como residentes o húespedes asiduos a varios personajes notables, como el obispo de Michoacán Manuel Abad y Queipo (1751-1825), el escritor y político Manuel Payno (1810-1894), el bibliógrafo José María de Ágreda y Sánchez (1838-1916) y el músico Ernesto Elorduy (1854-1913). En los últimos días de la guerra contra Estados Unidos en 1847 la división Twiggs del ejército invasor convirtió la casa en su cuartel general y en ella juzgó y condenó a muerte a los irlandeses del Batallón de San Patricio que habían peleado por nuestro país (los colgaron enfrente, en la plaza de San Jacinto).

Ya venida a menos y convertida en vecindad la conoció Isidro Fabela, quien la compró en 1933. Fabela (1882-1964) fue un político revolucionario del bando carrancista que hizo carrera principalmente en el servicio exterior. Para algunos fue el patriarca fundador del grupo político priísta Grupo Atlacomulco, puesto que nació en dicha ciudad mexiquense. Pero se le reconoce más bien por su papel como representante de México ante la Sociedad de Naciones a fines de los años treinta (cuando fue una de las escasísimas voces que defendieron la independencia de Etiopía frente a la invasión italiana y condenaron la anexión de Austria por parte de Alemania) y también por su gestión al frente del gobierno del Estado de México entre 1942 y 1945.

Isidro Fabela la restauró al paso de los años. Y en 1958, junto con sus archivos documentales y fotográficos, su biblioteca y sus colecciones de arte, la donó al país. Cinco años más tarde, transformada en museo y sede del centro cultural, la inauguró el presidente Adolfo López Mateos.

Más allá de su magnificencia general, la casa cuenta con detalles espléndidos como el nicho con la imagen de la Virgen de Loreto que remata la fachada o la torrecita que emerge en su costado oriental. Si visita la casa no deje de subir a los dos cuartos de esta torre por la estrecha escalera de caracol que está en la esquina del pasillo del primer piso (parece una escalera de servicio, pero no lo es). Desde hace más de 200 años el cuarto de arriba ha sido un excelente mirador de San Ángel.

Perrito de cantera, quizá relacionado con el convento de San Jacinto, entre la decoración de la fuente (Crédito: Luis Romo Cedano)

Las colecciones

Las colecciones artísticas permanentes son igualmente asombrosas. Se exhiben en las siete salas del primer piso y abarcan principalmente arte mexicano y europeo. Entre los lienzos mexicanos uno puede disfrutar una notable Adoración de los pastores de Cristóbal de Villalpando, una pequeña Virgen de Guadalupe de Miguel Cabrera o una exquista pintura anónima de La Divina Pastora del siglo XVIII. Hay también esculturas estofadas mexicanas, como las de Santa Clara o San Luis Rey, que resultan fabulosas aun rotas. En las salas mexicanas está incluido también un pequeño y extraordinario retablo poblano de la Virgen de Guadalupe del siglo XVIII con marco ornamentado con filetes de plata, concha nácar e incrustaciones de marfil. No lejos de ahí hay un crucifijo filipino tallado igualmente en marfil. Y estas son apenas algunas obras que llamaron nuestra atención.

Cristo ante Poncio Pilatos, uno de los diez vitrales alemanes de la colección donada por Isidro Fabela (Crédito: Luis Romo Cedano)

La colección de pintura europea se centra en retrato, paisaje y temas religiosos. Usted podrá ver un Descendimiento de la cruz del taller de Rubens, el retrato de la emperatriz María Teresa de Austria atribuido a Carl Van Loo o unas Tentaciones de San Antonio Abad de David Teniers, El Joven; o bien podrá deleitarse con pequeños óleos holandeses del siglo XIX como una Mujer leyendo de J. H. Van den Anker o un Rincón de ciudad holandesa de Kaspar Karsen. El arte europeo de la Casa del Risco también abarca muebles (hay varios bargueños formidables) y una serie de diez vitrales alemanes con escenas de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo y de vidas de santos.

Una de las salas muestra el señorial comedor de los Fabela decorado con bodegones, y otra más, el estudio del diplomático. Este último está lleno de condecoraciones y reconocimientos, además de varias obras de arte contemporáneas (no se pierda el Retrato de un amigo del pintor guatemalteco Carlos Mérida, medio escondido en una esquina oscura).

Sansón venciendo al león, pasaje bíblico plasmado en loza poblana, como remate de la Fuente del Risco (Crédito: Luis Romo Cedano)

La joya de la casa

Hasta aquí se podría objetar que hay monumentos arquitectónicos grandiosos con colecciones de arte más impresionantes en otros lugares de la ciudad o incluso en el mismo San Ángel (por ejemplo, el Museo del Carmen, a dos calles de allí). Cierto, pero ninguno tiene el detalle que vuelve excepcional a esta casa: la Fuente del Risco.

Ahí, sobre el muro oriental del patio principal de la casa se levanta una soberbia fuente virreinal de unos ocho metros de alto confeccionada con azulejos de tres continentes. De acuerdo al sitio web del museo, a la pedacería de porcelana se le llamaba “riscos” y de ahí el nombre de la fuente y de la casa. Pero la historiadora de arte Virgina Armella de Aspe sugiere que las fuentes adosadas a paredes, frecuentes en Europa hace siglos, recibían tal nombre por su parecido a peñascos escarpados.

Los documentos históricos no mencionan la construcción de la fuente, pero por su estilo ultrabarroco se la ubica en la segunda mitad del siglo XVIII. Esa época fue cuando se hicieron las ampliaciones de la casa y varios arquitectos pasaron por aquí. Uno de ellos, posible autor de la fuente, fue Lorenzo Rodríguez, quien construyó el también profuso Sagrario Metropolitano de la ciudad de México. Cuando Fabela compró la casa, la fuente estaba muy dañada y su lado izquierdo formaba parte de un baño. En 1938 el diplomático se dio a la tarea de reconstruirla.

La fuente semeja un retablo, pero la abundancia de piezas de azulejo econde sus tres cuerpos. Al acercarse uno ya distingue las piezas de todo tipo que forman el conjunto: platos japoneses imari (los que muestran peces) y platos hondos de porcelana china de la dinastía Ming (s. XVIII) quizá traídos a San Ángel por los frailes dominicos del cercano convento de San Jacinto que solían tener vínculos con Filipinas.

Hay también exquisitas piezas antiguas de loza poblana. Una de ellas es la extraordinaria escultura que sirve de remate a la fuente y que, o bien se trata de Hércules victorioso sobre el león de Nemea, o bien representa a Sansón venciendo al leoncillo, según el pasaje bíblico de Jueces 14, 5-6. Y no faltan los platos españoles de Talavera de la Reina.

Muchas piezas del actual decorado provienen de la restauración de 1938: tacitas de porcelana china de fines del siglo XIX (como las que forman las columnas que flanquean los nichos centrales), platos japoneses e ingleses, las macetas y los tibores poblanos de los grandes nichos laterales, etc. En todo caso se nota que el nuevo propietario mantuvo el estilo y buen gusto originales. Hay también muchos espacios recubiertos de conchas marinas y piedras semipreciosas.

En la parte de abajo llaman la atención las figuras de cantera: dos perritos y una sirena que toca el violín. Arriba, en el pequeño nicho central está la figura de Notre-Dame du Roncier, colocada por Fabela.

Virginia Armella destaca que la inserción de platos en la fuente no tiene precedente en México. Y en verdad que este muestrario fortuito de azulejo del mundo es como un especial rayo de luz y color en San Ángel; la excusa perfecta para visitar este barrio.

Luis Romo Cedano
Julio 2017

PARA VISITAR:

La Casa del Risco abre de martes a domingo de 10 a 17 horas. Plaza de San Jacinto 15. T. (55) 56 16 2711. Entrada libre. Hay visitas guiadas.

ALGUNAS FUENTES

ARMELLA de Aspe, Virginia, “Notas sobre San Ángel”, en Manuel Ramos Medina et. al.Don Isidro Fabela y la Casa del Risco, México, Gobierno del Estado de México, Fideicomiso Isidro Fabela del Gobierno del Estado de México, Banco de México, Instituto Mexiquense de Cultura, Centro Cultural Isidro Fabela, 2008, 2ª. Edición, Biblioteca Mexiquense del Bicentenario, p. 44-73

http://www.museocasadelrisco.org.mx/ Consultado el 26.07.2017.

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